viernes, 22 de mayo de 2009

Otra de vendedoras. Más visible, pero sin suerte.

Y se vuelve a repetir la historia. Pero está vez no estaba invisible del todo como en mi relato anterior. Esta vez parecía estar de más.
¿Cuál es el estado en el que entramos las mujeres cuando vemos una oferta en un comercio?. ¿Cómo nos vemos ante el ojo del otro? Desesperadas. Obvio no queremos perdernos la oportunidad, más aún si el precio es bueno.
Es común que algunos comercios pongan mesones de ropa –esa de talles especiales o la que quedó manchada o con alguna falla- en la entrada del local. Más común aún es ver a un grupo de señoras lanzarse sobre las prendas para obtener la más conveniente.
Lo que no me resultó común fue que, sin interesarme el mesón, ya que iba en busca de algo específico (dentro del negocio), la vendedora dijera que no podía atenderme. “Venga más tarde, si no controlo a toda la gente que hay afuera se van a llevar las cosas”, En realidad me estaba diciendo “estas locas desesperadas por dos prendas por 15 pesos me va a robar, afanar, chorear o cómo quieran decirlo”.
Sin más palabras, me dejó parada en el medio del salón y no me atendió. La verdad es que me estoy cansando. Tal vez deba buscar la máquina de coser que tiene archivada mi vieja y arreglármelas de otra forma. Eso sí, espero que cuando vaya por las telas no se repita la historia. ¿En esas tiendas también ponen mesones no?
Ojalá logre cambiar mi suerte. Aún, en dos semanas, no he podido colaborar con el sueldo de varias vendedoras mendocinas.

1 comentario:

Anabel González dijo...

Gabriela, me gusta tu blog. Tu mirada es más femenina que feminista, además me atrapa la síntesis de tus textos (que, sin embargo, dicen mucho). ¡Adelante!