viernes, 24 de abril de 2009

Una de psicólogas

Por qué la habré escuchado. Por qué no habré tenido el valor de denunciarla. Es una pregunta que me he hecho varias veces a lo largo de los años y luego de haber conocido, por diversos motivos, a varias profesionales de la salud mental.
Si hubiera seguido sus "insinuaciones" o "consejos" hoy estaría en un psiquíatrico. Bueno, nosotras ya sabemos que, a veces, somos de exagerar. Pero ésta se merecía un buen escarmiento, que nunca le dí.
Tal vez escribir esto me reconforte en algo. Ya no sé cuántos años han pasado, ni cuántas crisis he superado. Pero sí sé que caí en un consultorio de una licenciada en psicología, que luego de haberme atendido las sesiones que cubría la obra social, me indicó unos "cinco o 10 años de terapia" para organizar mi escala de valores. Varios cientos de pesos para ver si ponía en un primer puesto al trabajo, o a la familia, o a las amistades, o a mi reloj biológico.
Cegada por la necesidad de conocerme acepté, al menos, empezar por la punta del ovillo. Pero no sólo me fui enredando más, sino que en determinado momento llegó a mis oídos esta frase: (luego de que yo decidiera cortar la terapia por no tener onda con la terapeuta) si usted se va no va a poder trabajar, ni tener pareja, ni superarse en la vida. Y vaya que pude muchas cosas y sorteando serias dificultades.
Con el paso de los años, quise borrar ese sabor amargo y decidí, quién sabe por qué tema pendiente conmigo misma, buscar otra psicóloga. Otra vez a repetir la historia. Las primeras cesiones te las paga la obra social, después hacete cargo. Pero quise volver a intentarlo.
Fue así como pasé mañanas enteras hablando de mis dramas (hoy considerados absurdos). Hasta que un día, mi mejor amiga, viviendo por ese entonces un romance complicado, cayó furiosa sobre mí (en sentido figurado): Vos le contaste a tu psicóloga lo que me pasa a mí. Quién sos vos para hablar de mi vida!
La muy turra, mi terapeuta, hacía a su vez su propia terapia (quiero creer que fue en verdad así) y le contó lo que yo le decía a otra colega, que a su vez se percató que éramos compañeras de trabajo de su hija, y que creen, no tuvo mejor idea que contarle la historia. Cual ingenua arpía, un día abordó a mi amiga y le dijo: "che asi que vos tenés problemas con....., me contó mi mamá, porque es amiga de...., que atiende a....".
Nunca más volví a su consultorio. Mi amiga entendió porqué había hablado de ella, y por suerte, hace un par de años conocí a una verdadera profesional de la salud mental que sin meterse en mi vida me enseñó a verla desde cada punto de inicio, aunque no hubiera final.
Sin embargo, no voy a olvidar jamás los nombres de las poco serias señoras, porque en algún momento tendré la oportunidad de no recomendártelas. Es todo lo que se puede hacer sin más pruebas que mis palabras.

1 comentario:

mariana dijo...

A mi me paso igual, confie en una supuesta psicologa y despues estuvo hablando por ahi de mis problemas con otros pacientes de ella que me conocian, armando un enjambre de chusmerios en todo un grupo de personas que no tenia ni relacion. Deberian sacarles la licencia por poco serias y falta de profesionalismo. que wuachas!!!