Hoy escuché una historia. De esas que nos pueden pasar a todas. Con las que nos podemos sentir identificadas o no. También tuve recuerdos y vivencias. Y, simplemente, decidí contártelas.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Saludos.
Gabriela.
Haciendo clic en "Les dejo mi..." podrán leerla.
Buen año para todos!
lunes, 7 de octubre de 2013
Esa historia que estoy buscando
Las historias siempre están.
martes, 23 de julio de 2013
El reloj de péndulo
Si hubiera podido aceitar sus pensamientos tal como lo estaba haciendo con ese pequeño engranaje, todo podría haber encajado de otra manera. Ni siquiera se había dado cuenta de que el rayo de luz no atravesaba los cristales opacos de suciedad, de descuido. Concentrada en no perder el pulso se restregó la nariz contra el hombro, queriendo quitar el polvo que le había dejado la madera del viejo reloj al lijarla. ¿Cómo pudo salvarlo tras semejante caída? Quizá de la misma manera que lo había hecho una y otra vez con un centenar de cosas durante toda su vida.La claridad se iba y estaría obligada a buscar la lámpara vieja en el húmedo galpón. Era eso o abandonar la tarea. Decidió continuar. Se mantendría ocupada. Abstraída. Sin resolver lo invisible, mientras reparaba lo posible.
Cuando vio que el péndulo se movía no pudo contener la sonrisa. No había perdido el ritmo. Ni ella. Ni la máquina. Parecían estar unidas mediante ese movimiento, que no se modificaba con el paso del tiempo.
El olor del barniz con el que cubría el último remiendo la transportó por un torrente de recuerdos, acorralados justo ahí, entre una y otra idea, entre sombras y entuertos, entre lo dormido y quieto. Entonces descubrió las grietas en sus manos, ásperas de años, aunque dichosas por el éxito.
¿Por qué había desconfiado de ellas? Tanto tiempo sin darles la posibilidad de crear, de rearmar, de escribir, de acariciar, de volver. Entonces, las imágenes se fueron ordenando en su cerebro. La primera campanada la trajo de vuelta obligándola a levantar la mirada. De izquierda a derecha y de derecha a izquierda ese péndulo le había mostrado cómo su cara lo seguía dibujando un no continuo, hasta que el temblor lo puso de un golpe contra el piso, la puso en movimiento. Podría haberlo dejado roto, pero decidió que retomara su ritmo. Y ahí estaban volviendo a la vida al mismo tiempo.
miércoles, 10 de octubre de 2012
sábado, 2 de junio de 2012
El rostro de la bestia
domingo, 27 de mayo de 2012
Volver a empezar
jueves, 1 de diciembre de 2011
Hacia la libertad
Rutinaria al extremo, no había notado cuántas cosas ya estaban fuera de su mundo, como si su otro yo las hubiese arrojado hacia la nada sin pedir permiso. Y mientras eso sucedía llegó la tormenta que había ignorado.
Las gotas eran tan pesadas que no hubo paraguas que pudiera detenerlas. Y ella ya estaba afuera, en medio de la nada. Justo frente a la libertad sin techo.
martes, 22 de noviembre de 2011
No es el día perfecto.....
martes, 11 de octubre de 2011
Tras las nubes

De nada servía preguntarse qué hubiera pasado si 25 años atrás hubiera abandonado el barco. Tomó una decisión y se echó a andar. Y anduvo tras largos faldones de seda, en cuanto baile de familia bien se presentara. Cargó la escopeta y apuntó a la nada. Sólo descubrió nubes. Una de ellas era tan esponjosa como el cabello de Elina y tan blanca como su piel. Furioso decidió dispararle. Pero tratar de deshacerla era tan inútil como preguntarse qué hubiera pasado si no abordaba el navío.
Elina ya no tiene el cabello esponjoso. Tampoco la piel suave. Sólo se mece mirando el cielo, imaginando que las nubes son las velas de la embarcación que lo trae de vuelta.
miércoles, 20 de julio de 2011
Felicidades
viernes, 1 de julio de 2011
La hora indicada

jueves, 23 de junio de 2011
La escondida
Dónde podría haberse ocultado durante una noche tan fría. El departamento de su hermana podría haber sido perfecto. Estaba de viaje y sabía que nadie notaría la ausencia de la copia de llaves que guardaba su madre. Adriana no era capaz de encender un electrodoméstico que tuviera más de una luz indicadora, por lo tanto nunca hubiera tenido una computadora. Sí, el departamento de Adriana era el lugar perfecto para que la mente infantil y el cuerpo adulto de Morena se escondieran.
Ni un sólo mensaje. Ni una sola ironía. Ni un indicio de abulia cibernética. Ni una señal para sus amigos. Menos para sus seguidores. Quizás se escabulló entre las sábanas y se cubrió tanto, harta ya de teclear, que nadie pudo notarla en su propia habitación. Porque no estaba en la sala de ensayos. Ni en el bar. Ni el local de comida chatarra.
Nadie la vio durante esa noche tan fría. ¿Dónde podría haberse ocultado? Detrás de un seudónimo.
sábado, 14 de mayo de 2011
Pertenecer
domingo, 30 de enero de 2011
Años más, años menos. Confesiones cuarentonas

sábado, 29 de enero de 2011
De regreso
jueves, 23 de diciembre de 2010
Una vez más
viernes, 29 de octubre de 2010
Un recuerdo dormido
Por años había tratado de espantar el fantasma que de vez en cuando volvía a irrumpir en sus pensamientos. A veces llegaba solo. Sin aviso. Otras era arrastrado por quienes intentaban mantenerlo cerca.
Y si bien había aprendido a convivir con él, la noche había querido envolverla en un recuerdo dormido, simplemente con la intención de molestarla. Y aunque ella sabía que no podía borrarlo y menos aún negarlo, sí se sabía capaz de aquietarlo.
Esa mañana estaba dispuesta a sacar de su mente la imagen de aquella mujer luminosa que la envolvía en elogios para luego arrancarle, sin tapujos, en menos de un suspiro, parte de sus ilusiones. No la quería en sus sueños. Menos aún durante el día. No la quería.
De nada le importaba que la hubiera tratado como a una hija o como a una madre o como a una hermana. Estaba dispuesta a negarle la entrada a su mente.
Lo más sencillo hubiera sido cerrar los ojos y dejarse llevar por los aromas húmedos que el jardín le arrojaba. O lanzarse sobre la computadora en busca de alguna tarea mecánica. Pero su mente no quería apartarse del fantasma que durante la noche la había visitado en sueños.
Arrebatada tomó el teléfono y marcó sin pensarlo. Escuchó la voz -que no parecía para nada provenir del más allá- decirle hola. Pensó en colgar pero ya no tuvo tiempo. Sólo tenía que decir lo que había tenido en su cabeza todo el tiempo. “No te quiero en mis sueños y menos aún en mis mañanas. No te quiero”.
Sin embargo sintió que sus labios la traicionaron con un “te quiero”. Los hombros se le aflojaron y el sollozo la tomó por sorpresa. El fantasma tomaba forma y hablaba: “Tranquila hermana. Llorá tranquila. Ya tendremos tiempo para hablar”.
domingo, 10 de octubre de 2010
En confluencia
Cada una de aquellas noches, en las que sumaban minutos eternos tratando de encontrarse a sí mismas, o al menos percibir una señal que les indicase cómo liberarse de tantas ataduras y pensamientos innecesarios, ninguna de ellas sabía que confluirían en una misma historia.